Y el aeromodelismo, ¡ahí!

A diferencia de la inercia que continúa signando a la terminación de la pista sintética de hockey, el club de aeromodelismo con que cuenta Ciego de Ávila mantiene saludable inquietud, a partir, sobre todo, de esa incansable manía que tienen sus, aproximadamente, 15 miembros, para no dejarse aplastar por nada.

Los propios miembros del club devienen fabricantes y mecánicos de sus aviones. Fotos: Pastor Batista Valdés

Fe de ello hay en la humildad con que gestionaron y lograron trasladar los entrenamientos de cada domingo para el llamado aeropuerto agrícola avileño, cuyas condiciones son mucho más propicias para esa actividad, en comparación con la pista de atletismo, ubicada en las cercanías de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) Marina Samuel Noble.

Aterrizado ahí el problema, a nadie hubiera extrañado que el club se concentrara más, entonces, en perfeccionar detalles técnicos y tácticos que se tornan indispensables no solo para realizar una excelente demostración de vuelo, sino, también, para imponerse en competencias.

Pero, sin renunciar a tal rutina, los aeromodelistas se han empeñado en rescatar las pistas que antaño tuvo ese deporte en un área próxima al cuerpo de guardabosques, en las afueras de la ciudad, donde la plaga de marabú terminó inutilizando un espacio cuyo esplendor había trascendido a escala nacional.

Por cierto, para demostrar la destreza alcanzada, incluso, en medio de adversidades, Ernesto Valdivia y Luis Villazón partirán este fin de semana hacia Florida, en territorio de Camagüey, donde representarán al club avileño en un encuentro que debe congregar al oriente del país, en la modalidad de radio control.

Aunque no participen directamente en las actividades del programa, otros aeromodelistas de Ciego de Ávila se proponen viajar hasta allí, para intercambiar, animar a sus colegas e incorporar nuevas experiencias.

Todo ello sirve de base para la competencia nacional, prevista para el mes de agosto, en Varadero, Matanzas, cuya convocatoria admite hasta tres miembros por cada modalidad.

El diseño y construcción de esas pequeñas aeronaves corre a cuenta de los propios miembros del club, con recursos adquiridos en dependencia de las posibilidades de cada quien, incluido el diminuto motor, por lo general, traído del exterior.

Fuente: Periódico Invasor

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